En el extremo sur del sur bonaerense, dos pueblos costeros conservan una relación íntima con el entorno natural. Ostras, pesca y celebraciones locales definen la vida cotidiana en Los Pocitos y San Cayetano, destinos que apuestan por la tranquilidad, los sabores genuinos y un turismo a escala humana.
Ambas localidades se destacan por propuestas alejadas del ruido y la masividad. Allí, el vínculo con el mar, el trabajo artesanal y las costumbres heredadas marca el pulso diario, en escenarios donde el paisaje y la comunidad se imponen como principales atractivos.
Ubicado a unos 80 kilómetros de Carmen de Patagones, Los Pocitos se consolida como un emblema de la producción ostrícola. La historia local quedó atravesada por la llegada de un inmigrante japonés que introdujo la especie, sin llegar a ver el impacto que tendría en la zona.
Durante las mareas bajas, la bahía dejó al descubierto extensos bancos naturales. La ausencia de depredadores y las condiciones del ambiente favorecieron una reproducción sostenida que transformó al pueblo en referencia regional. Con el tiempo, la ostra se volvió parte central de la identidad del lugar.
Cada mes de enero, la comunidad celebra la Fiesta Provincial de la Ostra, un encuentro que reunió a pescadores, cocineros y visitantes. Platos típicos, música y relatos de antiguas faenas acompañaron jornadas donde la gastronomía y la tradición ocupan el centro de la escena.
Además de su perfil productivo, Los Pocitos integra una Reserva Natural de Usos Múltiples de más de 16.000 hectáreas. El humedal resulta clave para la nidificación y migración de aves como la gaviota cocinera y el flamenco austral.
En ese entorno, se permite la pesca artesanal y deportiva, junto a recorridos costeros y actividades interpretativas. Las técnicas transmitidas de generación en generación refuerzan un modelo de aprovechamiento responsable de los recursos naturales.
En el sudeste de la provincia de Buenos Aires, el balneario San Cayetano, a 75 kilómetros de la ciudad homónima, ofrece un paisaje de dunas, bahías y playas amplias. El ritmo pausado y la hospitalidad de sus habitantes definen la experiencia de quienes lo visitaron.
La pesca deportiva se convirtió en uno de los principales atractivos. Cada febrero, el tradicional concurso La Rubia de San Cayetano, organizado por el Club de Pesca San Cayetano, convoca a cientos de participantes y rompió, por unos días, la habitual serenidad del lugar.
Las iniciativas turísticas locales promueven el cuidado ambiental y el consumo responsable. En San Cayetano y Los Pocitos, el turismo se vivió como una forma de preservar el entorno y sostener una identidad costera que encontró en la sencillez su mayor fortaleza.